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El náufrago eterno (Cuento)

Antes que nada me quiero presentar. Soy un capitán de la marina mercante inglesa que al jubilarme me he dedicado a la investigación de accidentes navales y como evitarlos en el futuro. Mi idea es que al zarpar de este mundo haber dejado a las jóvenes generaciones un historial de los errores profesionales cometidos por quienes nos precedieron y crear una base de responsabilidad. Si bien los medios técnicos han variado la conducta de los hombres siguen siendo las mismas, por eso la validez de la investigación en el tiempo.

 

Así fue que en la búsqueda de historias de accidentes en la Gran Betraña en forma casual descubrí un hecho extraordinario que creo en mi, los interrogantes que ahora quiero trasladarlos a ustedes. Paso a narrarles la historia y dejo en vuestro criterio el análisis de la misma.

En el atardecer del 5 de diciembre de 1.664 en el estrecho de Menai, costa marítima del reino de Gales, un brazo de mar que separa la isla Anglesey del antiguo territorio continental del reino de Gwynedd, zona marina de terribles correntadas y peores tiempos, donde se ahogaron miles de hombres, un filibote "El Fluyt" naufragaba.

Este velero originalmente diseñado como buque de carga general, en esta ocasión transportaba gente bajo el pabellón mercante de los Países Bajos. El pasaje iba camino a Holanda. Había zarpado esa madrugada y el capitán decidió cortar camino por Menai. 

Temible decisión máxime sin haber analizado el estado de la marea, porque al ingresar en el estrecho la diferencia de tiempo y altura producían  las temibles Swellies, similares a nuestros escarceos de marea de la Patagonia, pero con la característica que en el Atlántico norte, al producirse estos remolinos en aguas restringidas originan fuertes corrientes que fluyen en ambas direcciones desatando pequeños infiernos navales. Para agravar el panorama, las rocas a flor de superficie completan el desastre para las embarcaciones que pierden el gobierno.

La otra entrada del estrecho en el lado del Caernarfon también es peligrosa por los cambiantes bancos de arena. Ahí se encuentra el Fuerte Belan, pero en la época de mi relato únicamente había un Faro que era una simple torre donde una  lámpara de aceite constituida por una mecha de hilo de lana en un depósito de metal. El depósito se llenaba con aceite de ballena. La luz de aquella lámpara pasaba por un opaco vidrio y trataba tímidamente de avisar a los navegantes de los peligros de la boca sudoeste del Estrecho, pero el faro también cumplía las veces de control rudimentario del tráfico marítimo. 

El torrero a cargo del Faro asentaba en un libro los avistajes de barcos y de ser posible los nombres de los veleros que se aventuraban en esas difíciles aguas. Los barcos se identificaban por un juego de banderas de señal que era contestado desde el peñón donde estaba el torrero. El nombre del Faro : Trwyn Du .Fue construido por convocatoria de los marinos que navegaban esas aguas en el siglo XVII.

Como les relataba los efectos de la marea observados a lo largo de las orillas del estrecho pueden llegar a ser poco claros. Una marea creciente del suroeste provoca que las aguas del estrecho fluyan hacia el noreste a medida que se eleva el nivel del mar. La marea también fluye alrededor de Anglesey hasta que, tras unas pocas horas, empieza a fluir hacia el estrecho con dirección sureste desde Beaumaris

Para cuando esto ocurre, el flujo de la marea desde el fin de Caefarneon se debilita y la mar incrementa en altura pero la dirección de la corriente es invertida. Una secuencia similar se observa al revés en una marea decreciente. Esto significa que la condición de agua inmóvil (que los marinos denominamos estoa) no se produzca nunca. La corriente ronda los 5 nudos marinos en una y otra dirección pero nunca hay estoa.

Únicamente un avezado Capitán con conocimiento amplio de zona podría cruzar ese estrecho, y no era el caso del holandés patrón del Fluyt.  Si fue el alcohol o el desconocimiento lo que impulso a aquel Capitán no lo sé, pero la desgraciada decisión termino en naufragio. Había comenzado a relatarles que el faro Trwyn Du estaba a cargo de un torrero cuya mayor habilidad era saber leer y escribir y no emborracharse muy frecuentemente, lo que le permitía encender la lámpara de la torre al anochecer. 

En unas hojas asentaba todas las novedades que ocurrían con un espacio de aproximadamente 8 horas, dado lo dificultoso para orientarse con el horario, en esa zona que muchas veces se cubría de niebla y dificultaba la observación del sol. 

El nombre de ese torrero era Georges Green. Ese 5 de diciembre de 1.664  Georges se asomó a la plataforma del faro después de haber iniciado la lampara y alcanzó a ver las velas del Juytse en las aguas del estrecho luchando para mantener el rumbo y presintió lo peor. 

Rápidamente preparó las mantas que tenía en la torre para estos casos y bajó por el escarpado sendero el acantilado hasta las rocas de la costa por las dudas podía ser útil si el barco zozobraba y había sobrevivientes. Cuando llego a la orilla ya reinaba la penumbra que anunciaba la noche.

A bordo del barco la tripulación corría por cubierta cazando velas, achicando paño, mientras que el Capitán al timón desesperaba al ver que no respondía la nave. Un tripulante totalmente desesperado llamado Hugh Williams quería sobrevivir a cualquier precio, aun a costa de la vida de los inocentes pasajeros que estaban a bordo y ante el descuido de la tripulación lanzó por la borda un pequeño esquife que dejo atado por un cabo, esperando que la nave se acercara a tierra. 

Cuando se produjo esa circunstancia en la zona de los bajos se dejo caer al bote y cortó el cabo que lo unía al barco, los demás tomaron conciencia y le gritaban que no los abandonara que no se llevara el único esquife que podía servir para salvar gente. Pero Hugh Williams no escuchaba a nadie y menos a su conciencia, lo único que lo alentaba era el esfuerzo por sobrevivir a cualquier costo.

Cuando el barco golpeo en las piedras se desarmó como un juguete de madera y la imagen de sus compañeros mirándolo con odio desde la borda quedó grabado en su retina. El barco se hundió, los 82 pasajeros y tripulantes encontraron la muerte; todos los que estaban a bordo menos uno que con su pequeño bote alcanzó la orilla donde fue socorrido por el torrero Green. 

Había salvado su vida a costa de haber abandonado a los tripulantes y pasaje de aquel barco. Nada es gratis, y así supo que iba a pagar un alto precio por su pecado, pero nunca sospechó que su infierno sería la inmortalidad donde viviría aquella jornada una y otra vez. Porque posiblemente el peor de los círculos del infierno es vivir repetidamente nuestros pecados.  

Ya en el Faro, abrigado y tomando la bebida que el torrero le alcanzaba temió cual sería su castigo, porque una voz interior quizás de la conciencia se lo advertía. Como en una confesión le contó a Green lo que había hecho. Green mientras tanto en forma rudimentaria y tras interrogar a Hugh fue reconstruyendo la historia del naufragio para la crónica de su trabajo, y asentó ese nombre maldito por primera vez Williams, Hugh Williams. 

Es probable que la historia haya sido deformada por los descendientes del torrero o por los habitantes del pueblo, o quizás por el cura párroco en la búsqueda de ejemplos que asustaran a los probables pecadores. Pero lo cierto es que la narrativa más que lo escrito dan a entender el acto de cobardia y el arrepentimiento del marinero.

Me ha resultado muy difícil verificar si en los cien años posteriores se repitieron estos naufragios con un solo sobreviviente. Los registros de la época son escasos. Posiblemente  algunos lugares claves como el estrecho de Gibraltar guardaban información pero siempre  incompleta. Por eso me he preguntado quien sabe que puede haber ocurrido en el mar de Drake o en las temibles tide rips de isla de los Estados. Habrá aparecido Hugh Williams como único sobreviviente de los miles de barcos que se hundieron?  Solo Dios y el diablo conocen lo ocurrido.

Lo cierto es que el 5 de diciembre de 1.764, (100 años después), en el mismo lugar donde cien años antes encallara en las rocas el El Fluyt  en el temible estrecho de Menai , en el mismo marco geográfico en que se vivió el accidente anterior, se repite un hundimiento.La única diferencia en el marco de cien años es que en este caso el Faro era de una construcción mas solida y existía una vivienda precaria. También había mejorado la luz que proyectaba gracias a una lámpara de Argand  iluminada por una mecha en forma de anillo que aumentaba la corriente de aire y por lo tanto ardía con una llama más clara. 

Pero pese a esas mejoras a la misma hora en la penumbra del anochecer  se produjo otro naufragio donde perecieron 60 pasajeros; sólo hubo un superviviente, llamado Hugh Williams. El barco era de bandera inglesa y ostentaba en su popa de madera el nombre de Monarch. El torrero que ahora cuidaba el faro había conocido los registros de cien años atrás, pero no recordaba el nombre del sobreviviente. Por lo tanto se limitó a asentar la novedad del hundimiento y el nombre del naúfrago que había rescatado de las rocas. 

Pero hubo algo que llamó su atención y fue el color de la piel de aquel hombre y la falta de brillo de sus ojos, a punto tal que supuso no viviría más que una noche. Por eso y cumpliendo un cristiano deber lo atendió, abrigó y dejó reposando en una litera en su cuarto, mientras tanto alimentó la estufa con leña suficiente para, mantener seca la habitación. Le sorprendió el olor a algas y mar que exudaba del cuerpo de la victima. Pero como no tenía otro remedio optó por dejarlo descansar. Al otro día cuando el sol marcaba el amanecer fue a verlo temiendo lo peor. 

Mientras caminaba del faro a la casa se imaginó en qué lugar iba a enterrarlo dado que la Iglesia más próxima estaba más que lejos. Cuál sería su sorpresa al entrar la cuarto donde no encontró al naúfrago, ni rastros de que hubiera estado ahí. El pobre hombre temió que su cabeza le hubiera fallado  y haber imaginado esa presencia. Toda esta historia quedo regitrada pero sin tantos detalles.

Cuando fui atando hilos y en mi búsqueda de información en los registros portuarios, historias de pueblos costeros e historias de marinos detecté que siempre la aparición de Hugh Williams era en el estrecho de Menai y equivocadamente supuse que había una repetición centenaria. Pero no era así. El 5 de agosto de 1.820, en los registros náuticos del Faro para mi sorpresa encontré el tercer registro de hundimiento de un tercer barco una goleta, la Walles El accidente provocó la muerte de 25 pasajeros. Sólo una persona logró salvar su vida. Su nombre Hugh Williams.

En la historia de la navegación los naufragios en los que una sola persona logra sobrevivir son escasos. En los relatados, el superviviente tenía el mismo nombre. Obviamente, la lógica nos dice que no podía tratarse de la misma persona porque debería haber vivido más de 200 años. ¿Había yo descubierto la historia de un naufrago eterno o lo que algunos creyentes era un viajero del tiempo?¿ O era un alma en pena que no podía purgar su pecado y por eso una y otra vez se hundía en el mismo lugar?

Una vez más el 20 de mayo de 1842, un barco cruzaba el estrecho Menai, cerca del lugar donde sucedieron las catástrofes anteriores cuando las condiciones adversas producen su hundimiento con 15 pasajeros, y todos perecieron excepto uno; pero en este caso el nombre de la sobreviviente fue Richard Thomas. 

Pero el nombre de Richard Thomas lo brindó el naufrago, sería el real o era Hugh Williams tratando de despegarse de su historia repetida. La único cierto es que estos personajes luego de salvarse desaparecían de los registros como si los hubiera tragado la tierra.

Fui basándome también en otros historiadores que habían detectado la presencia del naufrago eterno en los accidentes en las islas británicas , por ejemplo en la Guía para el norte de Gales escrito por Francis Coghlan y publicado en 1860, se repite la historia de los naufragios pero cita el de 1842 en el mes de agosto.

¿Hay pruebas documentales? Sí, por lo menos de estos cuatro hundimientos. En las páginas 281- 286 del libro de Rev. William Bingley "el norte de Gales, incluyendo su paisaje, Antigüedades y Aduanas" editado en 1804, se describe a Hugh Williams escapando del naufragio del 5 de diciembre 1764.

Durante la primera guerra mundial existieron un par de casos confusos, pero no me atrevo a incorporarlos a este informe dado que no correspondía el nombre de los únicos supervivientes con el de la investigación, podría ser nombres de fantasía. Lo único que llamaba la atención en la descripción del salvataje era el color de la piel y los ojos sin vida.

Finalmente 10 de julio de 1940, un pesquero arrastrero británico fue destruido por una mina alemana en la costa de Irlanda- sólo dos hombres sobrevivieron, un hombre y su sobrino - ambos se llamaban Hugh Williams. Es de tener en cuenta que apellidos como Williams eran muy populares en Gales e Irlanda, y que los hijos a menudo tomaban como primer nombre el de su padre. Una cosa es evidente a pesar de que no es un nombre poco común ,la repetición unida a los accidentes navales nos están hablando de eternidad.

Pero la suma de casualidades torna este relato en al menos preocupante. Aun no sé cómo definir estos casos.¿ Existen los viajeros del tiempo? ¿Existe un infierno que es la repetición del acto que nos condena en forma eterna? O ha sido todo producto de mi imaginación y el tiempo que he dedicado entre registros, museos y puerto.

Quizás usted lector me pueda ayudar...

(Daniel Molina Carranza)

31/07/2017

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