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El Misionero

(FNM) Desventuras fueguinas, que nos llegan en forma de cuento para leer y disfrutar.

 

Señor a tus pies humildemente caigo y doy todo lo que tengo, todo lo que necesito es tu amor. Ten cuidado de mí en la hora de prueba.

Capitán Allan Gardiner- Bahía Aguirre Tierra del Fuego año 1851

 

En el siglo XIX el cristianismo en Inglaterra tomó la misma fuerza evangelizadora que unos siglos antes había movilizado el catolicismo durante el descubrimiento de América.

Junto con las expediciones científicas y militares inglesas alrededor del mundo también se movían misioneros con el objetivo de evangelizar a los habitantes de las tierras que descubrían u ocupaban. A veces esas expediciones eran solventadas por las mismas sociedades misioneras cristianas.

Si bien las intenciones evangelizadoras eran buenas, en algunos casos no supieron interpretar lo negativo que sería para la sobrevivencia de los aborígenes, el cambio de forma de vida que los misioneros proponían y que en muchos casos llevaron a un fracaso impensado.

A quienes hemos vivido y aprendido a amar a la Tierra del Fuego, nos suenan familiares los nombres ingleses asignados a puntos geográficos, como son : islas Bridges, cordillera Darwin, puerto Harberton, cerro Lawrence, isla Lennox , isla Marie Anne, isla Gardiner . Muchos de esos nombres se corresponden a misioneros cristianos y a sus esposas que vivieron y murieron en el archipiélago fueguino, para difundir la palabra de Dios entre los nativos.

Esta narración no pretende ser histórica pero está basada en personajes y hechos reales y nos habla de esa gesta y sus consecuencias.

Canal de Beagle, Tierra del Fuego 5 de diciembre de 1850

El Speedwell era una pequeña lancha inicialmente construida como ballenera, de unos seis metros de eslora y amplia manga. La cubierta era relativamente cerrada y poseía escotillas, dejando un espacio para los remos.

Si bien estaba aparejada como ballenera, es decir una vela mayor cangreja cargada sobre una entena, foque y baticulo a popa, su casco era metálico lo que le adicionaba un peso mayor, sacándole velocidad y capacidad de maniobra. En proa y popa dos tanques para agua dulce le daban autonomía.

El timón colgante se operaba desde una barra con la cual, casi congelado, el marinero Pearce trataba de mantener el rumbo. Durante horas había soportado el ataque incesante de las canoas de los indios yaganes y cuando estos desaparecieron llegó el temporal.

La brisa inicial que soplaba desde hacía unas horas se fue transformando en vendaval, el oleaje del canal de Beagle se arboló en poco tiempo obediente al viento del sudoeste y solo las islas a barlovento protegían a la débil embarcación.

En estas aguas profundas el oleaje era más fuerte que en la costa, que si bien era abierta a la marejada, constituía la única esperanza para la tripulación. La posibilidad de navegar hacia el interior del canal de Beagle en busca de aguas más tranquilas, se tornaba imposible.

La tripulación de la ballenera había tomado rizos para achicar el paño de la vela mayor, pero aun así se les hacía muy difícil orzar. Las capas enceradas con las cuales se cubrían el cuerpo ya eran insuficientes para mantenerlos secos y el agua helada les calaba sus huesos.

Comenzó la tormenta eléctrica y los relámpagos producían visiones fantasmagóricas. Las olas empezaron a  enloquecer y ya no podían saber de dónde venían. Con el cuerpo congelado, las manos se volvieron torpes para tirar de las escotas o tratar de ayudar con un remo. La situación se había ido transformando en desesperada. El cansancio les hacía perder sentido de la realidad y veían alternativamente mar y tierra.

La embarcación al abatir al viento se acercaba peligrosamente a las rocas. Los relámpagos iluminaban periódicamente los escollos y la playa rocosa, hasta que finalmente sintieron el golpe del casco arrastrándose contra la piedra del fondo y vieron como la proa enfilaba hacia la playa. Pensaron que si no se hundían antes, por el crujido que producía el casco, embicar la playa era lo mejor que podía ocurrirles.

Al llegar a la línea de mareas dibujada por los cachiyuyos sueltos sobre las piedras redondas y resbaladizas, la embarcación volcó sobre la banda de estribor lanzando a los tripulantes hacia el agua poco profunda y provocándoles lastimaduras.

El doctor Richard Williams cirujano de la Amada Inglesa sintió que las piernas pesaban una tonelada pero aun así emprendió una pesada caminata hacia el refugio que le prometía la escasa vegetación de la playa de lo que actualmente es bahía Aguirre y en esa época se llamaba Puerto Español.

La marejada había arrastrado el casco fuera de las aguas convirtiéndolo así en una protección mínima para descansar  antes de seguir tierra adentro.

Fue en ese momento cuando Richard, apoyado su cuerpo contra el casco, hizo un repaso de su vida y de cómo había llegado a estas latitudes, seguramente a morir por una causa noble como era la de evangelizar a los indios yaganes. Recordó especialmente, que si no hubiera aparecido el capitán Allan Gardiner en su vida, jamás habría pensado seguir el camino del misionero y menos el de mártir por propagar la  fe cristiana.

Richard Williams nació en Inglaterra en 1815 y estudió medicina en la Universidad de Londres donde se recibió a los veintiséis años. Ejercía su profesión y llevaba una vida cómoda de soltero en la sociedad londinense hasta que contrajo una enfermedad declarada incurable en su época. Si bien era agnóstico, en su lecho de muerte fue visitado por el capitán Allan Gardiner, quien con el apoyo de la fe cristiana logró su milagrosa cura y la conversión de sus creencias. Al recuperarse, Williams se incorporó a la Armada real en carácter de cirujano y se embarcó en el HMS Clyment bajo el mando de Gardiner.

Navegaron juntos por el Atlántico Sur recalando en las Malvinas, recorrieron la Isla de los Estados, y la Isla Picton donde tomaron contacto con los indios canoeros, quienes pudieron hacerles saber que el aborigen Jimmy Buttom aun vivía en Wulaia aguas adentro del canal de Beagle

Canal Murray  año 1830, es decir 20 años antes

La goleta Beagle, fondeada en Wulaia, puerto ubicado en las orillas del canal Murray, en el extremo austral de Chile se mecía suavemente en la Bahía protegida a todos los vientos.

Infinidad de canoas tekeenicas la rodeaban tratando de efectuar intercambios comerciales. El comandante del HMS Beagle capitán Robert Fitz-Roy regresaba en una pequeña chalupa a su nave, luego de un día de arduo trabajo hidrográfico en el canal principal, cuando se le abarloaron los indios canoeros a intercambiar pescados por elementos menores.

Fitz-Roy  interesado en realizar un experimento con los aborígenes, le indicó a un joven indígena de unos 15 años que pasara a su bote. Para evitar un conflicto le dio en retribución al indio que se encontraba a cargo de la canoa, un botón grande nacarado que desprendió de su uniforme. Es decir cambio una vida humana por un botón.

Al joven indígena que llevó a su barco lo bautizó como James Button. El apellido asignado se correspondía al precio del cambio efectuado.

A bordo de la goleta, Jimmy encontró a tres fueguinos kawésqar que Fitz-Roy había capturado  como rehenes a causa del robo sufrido de una chalupa del barco, robo que había sido atribuido a esa tribu.

Los tres kawésqar, dos hombres y una niña, eran de una tribu ajena y enemiga a la de Jimmy. 

Fitz-Roy decidió llevar a los cuatro fueguinos hasta Inglaterra, con el objeto de realizar un experimento. Bautizó a los varones como York Minster, Boat Memory, James Button  y a la niña como Fuegia Basket.

El experimento era probar la capacidad de aprendizaje de esos “salvajes”, educarlos en la fe religiosa, retornarlos después de unos años a su ambiente natural y ver cómo evolucionaban.

Terminada la campaña, al llegar a Inglaterra, la Sociedad de la Iglesia Misionera los internó en un instituto en las afueras de Londres, donde iban a intentar su “formación”.

La realidad es que los indios se convirtieron en objeto de curiosidad para la sociedad inglesa y hasta del propio rey Guillermo IV, quien se interesó por conocerlos. Nunca fueron maltratados, al contrario recibieron múltiples regalos inclusive de la corona pero la obligación de cambio de sus costumbres fue originando en ellos un resentimiento por la forma en que había sido negociados unos y capturados otros.

Jimmy era más inteligente que los otros y supo esconder ese resentimiento para acelerar su regreso a la Tierra del Fuego, donde se vengaría de quienes lo habían vendido y de quienes lo habían esclavizado. De los aborígenes el único que aprendió correctamente el idioma, las costumbres y la Biblia fue Jimmy, pero cada día crecía su deseo de libertad y venganza.

El regreso se concretó en la misma goleta Beagle a fines de 1831 y al mando del Capitán Fitz Roy. Uno de los indios, Boat Memory, murió en Inglaterra de modo que regresaron únicamente tres.

La Sociedad de la Iglesia Misionera había designado al joven Richard Matthews para acompañar a los fueguinos y evaluar el resultado del experimento. Tambien embarcó un joven naturalista de 22 años, Charles Robert Darwin recién graduado en teología en Cambridge.

Los yámanas navegaron a bordo del Beagle por poco más de un año antes de desembarcar en su tierra natal. Jimmy se encontró con miembros de su tribu, los tekeenica, quienes le informaron, entre otras novedades, la muerte de su padre. Sus familiares fueron a esperarlo a Wulaia. Pero no embarcaron y permanecieron en sus canoas alumbrados por el fuego que llevaban siempre consigo.

Esa noche, Jimmy se trasladó a la canoa de su familia e intentó vestir a su madre y hermanos con prendas occidentales que llevaba en el barco. Pero ellos se negaron. Con el fin de comprar su voluntad les colmó de regalos, pero la mirada de su familia desaprobaba lo que estaba haciendo. Finalmente entendió que no lo aceptarían si no respetaba sus raíces.

Fitz Roy decidió que ya era tiempo de dejarlo viviendo en su comunidad y que aplicara lo aprendido en Inglaterra sobre agricultura, orden social y demás rudimentos que le fueran enseñados. Dejó supervisando al misionero Matthews. Meses después, al volver a la Bahia de Wulavia y sus tranquilas aguas rescató a Matthews quien le informo el fracaso de su misión. No quedaba nada del asentamiento, habían destruidos campos de labriego y se habían marchado con sus canoas. El misionero asustado por la actitud de los indios se había escondido hasta ser rescatado.

Fitz Roy insistía en continuar con la evangelización de esas tribus pero el joven Darwin consideraba que era una tarea llamada al fracaso y que no debían intervenir sobre la vida de los indígenas sino observarlos únicamente, manteniendo una buena relación con ellos.

En realidad Darwin pensaba que estos indios serian incapaces de incorporarse a la sociedad y se estaba perdiendo el tiempo y energías en esa tarea.

Después de un año que el buque zarpara y dejara a Buttom liderando su tribu, mientras la Beagle se encontraba en trabajos de levantamiento hidrográfico los ingleses se acercaron a Wulaia y divisaron varias canoas pescando. En una de ellas estaba Jimmy, nuevamente desnudo y pintado de vivos colores con un trozo de cuero en su espalda, el pelo largo, su fisico delgado y los ojos irritados por el humo permanenete de los fuegos de la canoa. Jimmy se asombró de ver el barco pero aceptó ir a bordo donde lo vistieron para cenar con Fitz-Roy en la cámara del capitán.

Durante esa comida mantuvieron una larga conversación. Jimmy le contó que estaba enseñando el idioma inglés a su gente; que York y Fuegia, unos meses antes lo habían abandonado y habían partido a su tierra en una gran canoa, habiéndole robado toda su ropa y herramientas.

Que en febrero del año anterior, cuando Fitz-Roy partió, los invadieron los Onas por lo que su gente tuvo que refugiarse en las islas.

Fitz-Roy le ofertó quedarse con él y regresar a bordo de la Beagle a Inglaterra, pero Jimmy había decidido que esa etapa de su vida había finalizado y solo quería permanecer con su gente.

Le pidió especialmente al Capitán que no dejara misioneros en las islas, y si cumplía con el pedido, él y su barco siempre serían bien recibidos.

El capitán cargó de regalos a Jimmy y su familia y zarpó definitivamente de Wulaia con el sabor del fracaso.

Liverpool , Inglaterra, septiembre de 1850

El capitán Allen Gardiner de la Armada de su Majestad, había abandonado el servicio activo luego del fallecimiento de su esposa y uno de sus hijos, adoptando la vida de misionero. Al no conseguir apoyo de las sociedades misioneras existentes, decide crear su propia sociedad, para lo cual recorre Inglaterra recaudando fondos para una aventura cristiana.

En un viaje anterior Gardiner había recalado en las Islas Malvinas, luego había navegado hasta la Isla Picton en el archipiélago fueguino, y ahí en Banner Cove, tomado contacto por primera vez con los indígenas yámanas quienes les hicieron saber que Jimmy Button que vivía en Wulaia, les había enseñado algunas palabras inglesas. Era el líder de su tribu y  su hermano el brujo.

Equivocadamente Gardiner pensó que esto creaba una posición favorable para realizar un asentamiento misionero en esas tierras australes y que la presencia de Jimmy sería de ayuda para la tarea evangelizadora.

De regreso en Inglaterra y entusiasmado por lo vivido, prepara la expedición para lo cual compra dos balleneras de casco de hierro, a las que bautiza Speedwell y Pioneer. Incorpora a un médico que había servido junto a él en la Armada, llamado Richard Williams, al catequista John Maidmant, al carpintero Joseph Erwin y a tres marineros pescadores de nombre Badcok, Pearce y Bryant.

Para transportar al grupo con su equipamiento, contratan al velero “Ocean Queen”. Después de tres meses de navegación los desembarca en la isla Picton como punto de inicio de su aventura y el barco zarpa para Malvinas.

Final de la aventura cristiana de Gardiner. Verano de 1851

Desde el primer día Gardiner y su gente sufrieron el acoso permanente del pueblo Yámana que a toda costa querían evitar que los ingleses se establecieran en su tierra. Como el espíritu de la misión era evangelizador y no de conquista, Gardiner se opuso a atacar a los indios, aun a riesgo de su vida.

La estrategia de los fueguinos era desmoralizarlos y provocar que el hambre los hiciera desistir de su propósito, lo cual finalmente lograron de la peor manera. Los expedicionarios mueren a causa del hambre y las enfermedades causadas por el frío.

Tras la muerte de Allen Gardiner, la “Sociedad Misionera de la Patagonia” que él mismo había fundado, pasó a ser dirigida por el reverendo Packenham Despard.

Merced a una campaña de donación de fondos, la sociedad logra -en julio de 1854- botar una goleta con el nombre Allen Gardiner, de 90 toneladas de desplazamiento y 20 metros de eslora. En octubre del mismo año, zarpa desde Brístol  al comando del capitán William Parker Snow . La dotación incluía a un catequista y personal dispuesto para desembarcar en Tierra del Fuego y fundar una misión.

El paso intermedio fueron las Islas Malvinas, pero el objetivo final era Wulaia en la Tierra del Fuego, donde se proponían establecer contacto con Jimmy Button, y pedirle apoyo.

Cuando finalmente lo ubicaron,  Jemmy entendió que lo que tanto había temido se estaba desencadenando. Sería muy difícil alejar a estos ingleses de su objetivo así que cambió su estrategia y accedió a acompañarlos con nueve fueguinos más.

Los europeos se ubicaron en un terreno cercano al utilizado por los yámanas y construyeron su iglesia ahí.

El desastre se precipitó durante un servicio religioso. Al iniciarse el canto del primer himno, sobrevino un rápido ataque y los indígenas asesinaron a todos los ingleses que se encontraban en tierra. Se salvó únicamente el cocinero que estaba a bordo.

Tras este desastre, no hubo más intentos evangelizadores hasta 1863.

El juicio

Enteradas las autoridades inglesas en Malvinas de lo ocurrido, despacharon un buque de guerra que encontró a la Gardiner a la deriva en el canal con el cocinero a bordo. Éste había enloquecido y se encontraba escuálido luego de meses de convivir con unos canoeros que lo habían salvado al encontrarlo en un chichorro a la deriva. Los cuerpos de los ingleses no aparecieron nunca pese a los esfuerzos de búsqueda realizados.

Alfred Coles que así se llamaba el cocinero acusó a Jemmy de dirigir la matanza. Por tal razón los ingleses apresaron a Jemmy y a su hermano, el brujo. Button fue llevado preso a Malvinas sin oponer resistencia y jurando su inocencia, pero vio la oportunidad de jugar su última carta contra la radicación de los ingleses en las islas, aun a riesgo de su vida.

El gobernador ordenó un juicio a Button y su tribu como responsable de la matanza de los misioneros. El defensor de los indígenas fue el misionero Despard. La acusación presentó al cocinero Coles, quien había perdido el juicio a causa de lo vivido.

Jemmy se presentó en la sala de audiencias desnudo, con su cuerpo pintado y una imagen escalofriante. El primer efecto había sido logrado. Declaró que la matanza había sido realizada por los onas y no por los alacalufes y que ellos no habían podido impedirlo.

Preguntado por el destino de los cuerpos de los infelices misioneros declaró desconocerlo. Pero como siempre había jugado con el fantasma de la antropofagia, el jurado se sintió horrorizado con lo ocurrido y Jemmy aprovechó un gesto teatral de su rostro para confirmarles ese cruel destino.

Despard aplicando la teoría del “salvaje inocente” evitó que la acusación en su contra se transformara en pena de muerte y logró su sobreseimiento.

El final

Si bien durante unos años parece volver la tranquilidad a los yámanas, el hijo adoptivo de Despard, Thomas Brigde, regresa en 1863 y funda en Ushuaia la misión que va subsistir y a marcar el destino indeseado de los yámanas.

En una epidemia de sarampión en tres meses muere la mitad de la población indígena. Jemmy sobrevive a su gente y muere de viejo en un islote que lleva su nombre: Button. Uno de sus hijos fue llevado a Inglaterra repitiendo la historia de su padre.

Fitz Roy que fue el causante del fallido experimento alcanzó el grado de Vicealmirante de la Armada Inglesa y designado como gobernador a Nueva Zelanda donde fracasa nuevamente en sus ideas integradoras con la comunidad aborigen maorí, y es relevado de sus funciones. Regresa a Inglaterra donde deprimido, en 1865 se suicida.

Thomas Bridge aceptó la soberanía argentina sobre la misión Ushuaia y en 1884 izó la bandera albiceleste, por lo que el gobierno argentino reconoció y brindó apoyo a la misión. Finalmente renunció a su tarea evangelizadora y se dedicó a las tareas rurales. Falleció relativamente joven y su cuerpo descansa en el cementerio británico de Buenos Aires.

Chales Darwin murió de una extraña enfermedad que no fue diagnosticada en su momento, pero posiblemente hay sido mal de Chagas adquirido en nuestra tierra.

La ultima yagana pura es Cristina Calderón quien aun vive en Puerto Williams y fue declarada tesoro viviente de la humanidad por la UNESCO, el último hombre yagan fue Carlos Raúl Yagán Yagán. Murió en septiembre de 1997 y sus restos descansan en el cementerio indígena de Puerto Williams. (Por Luis P, para FUNDACIÓN NUESTROMAR)

14/09/15

 

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